Un pacífico adiós al mar
Cuando el crucero por el mundo llegaba a su fin, Ed y Mabel permanecían en cubierta, observando el horizonte por lo que podría ser la última vez. El mar había sido su hogar, su santuario y su escape de lo mundano. Ahora, mientras se preparaban para desembarcar definitivamente, sentían una sensación de paz. Habían vivido una vida llena de emoción e imprevisibilidad, y aunque echarían de menos el océano, sabían que había llegado el momento de bajar el ritmo.

Una pacífica despedida del mar
Instalarse en una nueva vida
Tras su último viaje, Ed y Mabel se instalaron en una vida tranquila en una ciudad costera. Encontraron una casita junto al agua, donde aún podían sentir la brisa marina y oír el lejano sonido de las olas. No era lo mismo que vivir a bordo del Ocean Serenity, pero les daba una sensación de conexión con el mar. Pasaban los días leyendo, trabajando en el jardín y recordando su década de aventuras.

Instalarse en una nueva vida