Los invitados invisibles
Con el tiempo, Ed y Mabel perfeccionaron el arte de la invisibilidad. Asistían a menos actividades patrocinadas por el barco, optando en su lugar por rincones más tranquilos del navío donde podían pasar desapercibidos. Pasaban horas en cubierta leyendo o tomando el té en los cafés menos populares. Por la noche, paseaban por los tranquilos pasillos, admirando el océano bajo las estrellas. Se convirtieron en fantasmas en el Ocean Serenity, interactuando raramente con la tripulación y manteniéndose siempre fuera de su vista.

Los Huéspedes Invisibles
Una preocupación creciente
A pesar de su cuidadosa planificación, Ed y Mabel no podían evitar todos los encuentros con el personal. El ocasional rostro familiar en el comedor o en el bar les hizo volverse más precavidos. Cambiaron sus hábitos alimentarios y frecuentaron distintos salones, siempre conscientes de las miradas a su alrededor. La rutina de la pareja se convirtió en un delicado acto de equilibrio que requería una atención constante. Sabían que su secreto no duraría para siempre, pero estaban decididos a mantenerlo.

Una preocupación creciente